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Madre intentó salvar la vida de su hija

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La madre soltera Cecilia tenía una única hija, Betzabet quien ya era una mujer de 21 años. Cecilia trabajaba en una tienda donde se manejaba mucho efectivo. Entre tanto su hija Betzabet estudiaba Enfermería toda la mañana y en la tarde se estaba ayudando en la casa.

Cecilia salía todas las mañanas como siempre lo había estado haciendo en sus 15 años trabajando para la tienda, era una empleada leal, el dueño confiaba mucho en ella. Su rutina era contabilizar todo el efectivo entrante y guardarlo en la caja fuerte. También administraba la tienda, había que surtirla de enseres para la venta y estar al tanto de los vendedores. Sin lugar a duda, Cecilia era una gran empleada.

El día del secuestro

Una vez Cecilia llegó la tienda temprano como siempre, de todos los empleados ella era la que siempre la primera que llegaba. Pero cuando fue a abrir la tienda siente una presión en un costado y una voz que le decía: “No te muevas o te mato”. Estaba siendo atracada, querían robarla. Entonces ella alzo los brazos.

Pero no era así, la apuntaban con un arma, ella le dijo: “toma todo lo que está en mi bolso”. Pero no fue así, quien la apuntaba era una mujer que le decía: “No hagas nada tonto, tenemos secuestrada a tu hija en tu casa. Tienes que hacer todo lo que te digamos”.

Cecilia estaba muy asustada, no quería cometer un error y perjudicar a su hija. Entonces Cecilia le preguntó: “¿Qué quieren? ¿Qué desean?”, y le respondió: “Queremos todo el dinero que guardan en la caja fuerte, sabemos que lo haces tú”. Cecilia se preguntaba: “¿Cómo lo saben?”, tenía la impresión de que pudo haber sido un empleado.

Ella les dijo que iba hacer todo lo que le pedían, pero que la caja fuerte la tenían era en otro local que quedaba en la otra calle. La persona que la apuntaba era una mujer y le dijo: “Mi esposo tiene a tu hija, el menor engaño que hagas, él la mata”. Entonces Cecilia arrancó con la mujer a la tienda de la otra calle.

Cuando llegaron la puerta de entrada funcionaba con código de seguridad y con los nervios olvidaba las combinaciones de números. Entonces la delincuente se molestaba y le presionaba más el arma en el costado. Pero Cecilia logró abrir la puerta. Cuando llegaron a la caja fuerte ella desactivó las luces de seguridad de la entrada del cuarto donde se encontraba la caja fuerte.

Cuando entraron al cuarto, la caja fuerte estaba allí, Cecilia le pidió que por favor le pasaran a su hija para saber que aún seguía viva. Entonces la delincuente llamó a su esposo que hizo poner a la hija por teléfono. Una vez segura que su hija seguía viva ella abrió la caja fuerte.

La muerte de su hija

Noooo! ¡Mi hija!
  • maternidad

    Cecilia pensó que quizás había cometido un error, y ¿si luego mataban a su hija? Pero así fue. ¡Una vez que se llevó el motín escuchó que la delincuente llamó por teléfono y dijo “Mátala!”. A Cecilia se le fue el mundo con esa palabra y gritó: “Noooo! ¡Mi hija!”. No podía creerlo quiso protegerla y no fue así. Fue una lamentable pérdida y una gran tristeza que le duraría toda la vida.

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